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Un Blog de Edwin "El Bachi" Velásquez - Leal al Comandante Chávez y a Nicolás Maduro por el Socialismo Bolivariano - Delegado del Partido Socialista Unido de Venezuela - Comisionado Estadal de Formación Política de la JPSUV (D.C) - Premio Municipal al Liderazgo y Activismo Juvenil Livia Gouverneur 2012 y 2013 Mención Honorífica Mejor Liderazgo Juvenil - Vivir y Vencer Camaradas - ¡Viva Chávez! ¡Viva la Revolución!

21 de diciembre de 2009

Sobre la Venezolanidad

Fernando J. E. Martínez R.
Puerto Ordaz, 21 de diciembre de 2009


¿Qué es ser venezolano? Personalmente creo que todos los habitantes de esta tierra denominada Venezuela debemos abocarnos al problema cultural. Concienciarnos que la gran polémica de lo que puede ocurrir en América Latina en los próximos años, en distintos órdenes, está relacionada con la idiosincrasia del cambio revolucionario (no hay otro cambio posible) en Venezuela. Estoy convencido que, para conceptualizar el cambio, no pueden haber distintas áreas o zonas de influencia separadas con gente trabajando para desarrollar una eficiencia máxima sin tomar en cuenta que todas las aristas de la revolución deben conducir a un fin último: la suprema felicidad de los pueblos. Y es que este ha sido el problema, sin ánimos de desprestigiar al Libertador Simón Bolívar. El sistema de gobierno perfecto no podemos divinizarlo cada vez más. Este es el nudo de la cuestión a medida que pasan los tiempos. La felicidad es un estado anímico que, hasta individualmente, es imposible alcanzarlo: los gobiernos efectivos y pragmáticos en el mundo lo han entendido así. La felicidad y la perfección se vuelven aún más discursivas y partidistas desde la perspectiva de los mundos subdesarrollados. Sencillamente hay que, de acuerdo con las necesidades y procesos históricos del momento, cumplir las exigencias y el mandato que el pueblo exige.

¿Y este embrollo filosófico? ¿Para qué? Justamente el pragmatismo que explico se refiere a que los pueblos, a través del socialismo, se gobiernen a sí mismo por un Estado comunal, el fin último de la propuesta del s. XXI. Ahora bien, ¿cuáles son las exigencias o metas de aquellos pueblos que se gobiernan a sí mismos? Es que el “gobernarnos a nosotros mismos” no garantiza la suprema felicidad de los pueblos. No hay garantías de que, en la teoría y práctica del socialismo latinoamericano, triunfe la revolución. Pero hay la seguridad de que es la única vía para lograr un desarrollo sustentable. Entonces, el problema está en la vía. El pueblo venezolano lo experimentó otras dos veces. Cuando nos libramos de los españoles, ahora le tocaba a los venezolanos decidir… terminaron siendo los criollos terratenientes, la oligarquía. Cuando Gómez murió, le tocó a los profesionales de la Universidad Central de Venezuela; una cara civil y democrática para el país… vendieron a la nación. ¿Y ahora? ¿Quiénes van a gobernar?

1. ¿Los chavistas neo-oligarcas?
2. ¿Una nueva clase partidista minoritaria que nacerá de las bases?
3. ¿El Estado comunal nacido de la participación de la mayoría de los venezolanos?

La última opción es el fin último de la revolución bolivariana socialista. Pero muchos opinan que terminará siendo alguna de las dos primeras. Y en tal caso que terminara siendo la tercera opción, replanteo: ¿es garantía de un socialismo viable y sustentable para el país y el continente? Todo este parapeto para concluir que las tres opciones están minadas de venezolanos. El problema es cultural. Algo tenemos que no está funcionando.

Mi intención en esta reflexión no es encausarnos en un pesimismo que le ponga barreras a la crítica, evaluaciones, progreso. No podemos tampoco situar a la pequeñísima historia de Venezuela en un largo río de fracasos y opresiones, imperialistas y libertadores, autócratas y demócratas. Porque todas estas concepciones se amasan en nuestra visión sobre la venezolanidad. Mientras haya un mar de gentes difuso, desigualísimo, distinto en tantas perspectivas, no puede existir una venezolanidad que se distinga entre las naciones del mundo. El libre pensamiento no es, tampoco, una garantía de encontrarnos con esa venezolanidad que tanto anhelamos. Yo puedo pensar que el país no sirve, no sirvió y nunca servirá; y ese pensamiento será una gota de harina más para que esa gran masa multiforme post- moderna de la venezolanidad sea aún más deforme. Tomando teoría de viejos mentalistas, nosotros somos lo que queramos pensar. El libre pensamiento es un valor que los teóricos de aquellas prostitutas democracias nos vendieron para hacer del sistema socio-político cada vez más una “nada”, un vacío desarrollista que nos haga diluir nuestra identidad frente a los modelos perfectos del “Primer mundo”. Efectivamente lo lograron. Opto por un pensamiento crítico, objetivo, moralista, humanista.

Más allá de las baratas propagandas de las Empresas Polar, ¿sabemos lo que es ser venezolanos? No me cabe la menor duda de que tiene que haber esquemas culturales que puedan definirnos de una manera algo menos vaga. Nuestra ubicación geográfica e histórica nos condenó a un debate cultural que puede llevarnos a concluir irreflexivamente que somos multiétnicos y pluriculturales, como nos define la Constitución Bolivariana. ¿Somos llaneros, andinos, amazónicos, caribeños, maracuchos, CARAQUEÑOS? Para los que vivimos en Caracas, la cuna y el centro de cualquier “cosa” venezolana, podemos visualizar que, más allá del caos, esa definición constitucional no nos diferencia de cualquier metrópoli a nivel mundial. Legaliza la variedad, pero no la define. Lo que sí es verdad es que existen aspectos de esta variedad que no permite la realización de un Socialismo bolivariano que trascienda la retórica de la revolución. Es necesario redefinir históricamente el socialismo, pero antes, la venezolanidad. Hay que reconstruir la venezolanidad. Poner en práctica un socialismo con dificultades teóricas en las masas no es garantía de mejorar la venezolanidad. El pueblo debe teorizar primero el problema cultural venezolano y trascender en sí mismos.

Es verdad también que no sólo debemos replantear una venezolanidad que pueda trascender el Socialismo bolivariano del s. XXI, sino una venezolanidad que pueda de una vez por todas salir del s. XX. He tenido la oportunidad de visitar varios rincones del mundo y he podido oler un aire de modernidad y globalización que los venezolanos no hemos podido asumir. No hay un ciudadano venezolano del s. XXI que pueda ser distinguido en el mundo post-moderno. Conocemos ciudadanos argentinos, brasileños, colombianos, mexicanos, franceses, chinos, egipcios. El 2000 mágico de la revolución embriagó a la venezolanidad y la dejó en un ciudad traumada por el neoliberalismo y el pesimismo gubernamental, añorando el campo que dejó a principios de s. XX. No tuvimos la habilidad de hacer una ciudad que disfrute de su multiculturalidad auténtica. Un día es la inseguridad, otro la inflación, otro la electricidad, otro la libertad de expresión, otro el tráfico, otro el paro cívico,… Algo tenemos que no está marchando bien y que hace al gobierno estar del “tingo al tango” sin poder controlar las exigencias que se viven a diario… No dejamos al gobierno transformar las estructuras. Tenemos que estar pendiente de algún bojote que se caiga por allí y agarrarnos de él hasta que surja otro, y ser incapaces de poder establecer una personalidad venezolana que pueda dejarse evaluar por unos parámetros mínimos de acuerdos sociales. Por eso es que Caracas sigue oliendo a mierda, por eso hay una oposición y medios de comunicación que huelen a mierda… y sin duda una burocracia venezolana (que nació hace 40, 30, 20, 10 años en este mismo país) que huele a mierda. Todo esto porque hay una venezolanidad, un común de las gentes que no ha reflexionado sobre los cambios histórico que vive el país y el papel protagónico que tiene Hugo Chávez en la escena internacional. Existe un ciudadano promedio que no lo sabe o le tiene sin cuidado, por estar pendiente de alguna “cabuya” o bojote (esté o no moral o legalmente permitido) que pueda facilitarle contingentemente su situación individual hasta que surja otra cosa en la escena nacional. No hay un ciudadano venezolano decente, no hay un empresario venezolano honesto, no hay un funcionario efectivo; y cuando digo “un…” hablo de una llaga que está en nosotros pero que no tenemos todos. Hay algo en la venezolanidad que no está marchando bien.

Nos definimos chéveres, solidarios, calurosos, entre los más felices del mundo. Y es que es este mismo estado de embriaguez común que no permite hacer una evaluación honesta de cuáles son los aspectos de la venezolanidad que están afectando la efectividad y el progreso de una nación bastante afortunada, tanto en recursos naturales como humanos. También, como comenté antes, aquel pensamiento fatalista y pesimista de la venezolanidad traído de las más antiguas familias ilustradas del país o de los hijos de inmigrantes malagradecidos. Pero uds. preguntarán, ¿hay algo que no está marchando bien en los venezolanos pero no hay que ser pesimistas? Y es que estamos cansados de escuchar que habrán fórmulas políticas que salvarán al país. Lo que salvará al país es una nueva fórmula cultural que redefina al venezolano sin desconocer sus raíces étnicas culturales. Repito, no esas raíces que nos metió en la cabeza la publicidad caracterizada por la presencia de los hijos de los inmigrantes europeos y el campesino y el pescador. Sino las verdaderas raíces, buenas y malas. Arrancar de raíz lo malo y enaltecer y mejorar lo bueno. Sonará a depuración de razas, pero es una cuestión netamente idiosincrática. Pronto redactaré un artículo sumario de las características buenas y malas de la venezolanidad. Así, los alemanes pueden tener vergüenza del Nazismo, los chinos pueden tener vergüenza del Maoísmo radical, los rusos pueden tener vergüenza del fracasado modelo socialista, los franceses pueden tener vergüenza de su revolución, los estadounidenses son los más desvergonzados (por eso tienen el lugar moralmente merecido en la historia del mundo)… pero lo que es seguro es que ellos entendieron, de forma traumática o no, que los procesos tienen una lógica interna histórica y cultural que los define a través de procesos de depuración moralmente juzgables. Los venezolanos estamos en el deber de plantear ese proceso de depuración para enaltecer una nueva venezolanidad que, más allá de lo Latinoamericano, tenga su lugar en el resto del mundo y sea vanguardia en los procesos de transformación globales al Socialismo, que puede que sea del s. XXII.
Fercho J.E

2 de diciembre de 2009

Mi llamado al Poder Popular

Guaca, 02 de octubre de 2009

Estoy saliendo hacia Caracas preocupado pero esperanzado en la consolidación del proceso revolucionario, tan solo tenemos cuatro (4) años hablando de socialismo y promoviendo la organización popular, y aún cuesta comprender que no es posible obligar a procesos como éste al apuro, durante el siglo pasado estuvimos sometidos a un sistema perverso que nos mantenía al margen del conocimiento, éste no podía ser accesible a todos ni a todas porque la ignorancia ha sido la única garantía que los burgueses han promovido para mantenerse en los espacios de gestión y poder.

Ya voy por Carúpano, y sigo viendo a un pueblo espectacular que goza de recursos naturales y humanos asombrosos, paisajes que Dios bendijo para que la gente fuese feliz, pero el ser humano es incomprensiblemente inconforme y quiere cambiarlo todo para su beneficio propio y pocas veces para el beneficio colectivo, toda esa actitud ha sido implementada por ese mismo sistema del cual he hablado desde el principio y hoy estamos buscando desplazarlo por la vía mas sana y también la mas difícil…

En un país como Venezuela, en el que la ubicación geográfica, los recursos naturales y minerales han sido motivo para la intromisión extranjera con la excusa de mejorar las relaciones comerciales, se aplica la ley del mas fuerte, la gente permite ofrecimientos disfrazados de beneficios, dejamos que el mounstro del capitalismo entre hasta nuestros huesos, es así como Estados Unidos se fue adueñando de las políticas petroleras, gasíferas y mineras, marginaron a nuestro sector campesino y pesquero y nos sometieron a una economía neoliberal basada únicamente en la renta petrolera, donde la mano invisible del mercado nos metió su dedo y se nos presentó en un maldito sueño, el sueño americano...

Nos acostumbraron a ver a "otros" como mas importantes que nosotros mismos, nos acostumbraron a escuchar al maestro, al patrón pero no como nuestros iguales, nos acostumbraron al individualismo, a la riqueza personal, a la explotación e incluso a verla como "buena", frases como las de "no le muerdas la mano a quien te da de comer" o incluso "la vida es así" son las que nos han condicionado a olvidar y a actuar en pro del empresario, del banquero, de la burguesía.

Nos cuesta organizar porque el pueblo nunca tuvo ese privilegio, nos cuesta planificar porque al pueblo nunca se le preparó para ello, nos cuesta gobernar porque siempre estuvimos en la clandestinidad o cuanto más real, en la ignorancia; nos cuesta la lucha pacífica porque nuestra revolución fue pensada en fusil y metralla, nos cuesta un mundo porque nos sumergieron en lo más hondo de la perversión de un sistema.

El Poder Popular es algo que no todos comprenden, la gente piensa en organizarse para acomodar las fachadas de sus casas, para arreglar los ascensores de los edificios, para cerrar las terrazas, para frisar y un sin fin de cosas más que son imbeciladas que solo promueven una vida más burguesa y no la atención social y la imposición de las comunidades por sobre los alcaldes y gobernadores, por sobre el poder constituyente.

Nos jodieron la mente para olvidar la historia, para no contar con el recurso de los errores del pasado y el pueblo no se da cuenta de que las cuentas no fallan, que la solución está en utilizar el poder que nos corresponde para solucionarnos la vida, esta misma vida que no son paredes ni ascensores, porque la vida es mucho más que infraestructura y tecnología, la vida es educar y ser educados, es prepararse política e ideológicamente, la vida es el cuido de la salud, es el incentivo de las artes y el deporte, es la promoción de la cultura, es una revolución constante; el Poder Popular, nuestro poder como pueblo es la garantía de que nuestras decisiones no dependan de unos pocos, de terminar con el burocratismo, en pocas palabras, la imposición de nuestro poder sería el fin de las promesas incumplidas, el fin de las burlas de los malos gobernantes, el fin de las humillaciones hacia nosotros, el fin del estado burgués.

L'Bachi

21 de septiembre de 2009

Crítica, crítica, crítica… ¿esperas a que algo pase?

El espectro político de América Latina se encuentra en una coyuntura muy tensa para algunos, algo normal para otros. Nos hemos envuelto, objetivamente, en un escenario difuso y confuso; primero por la exageración de la libertad en todos los sectores, tendiendo a radicalizar los extremos políticos; y segundo, por la guerra mediática de 4ta generación. Estos son los 2 factores que han creado una sensación de anarquía en la población. Y recordemos que la anarquía se traduce en inconformidad, desarticulación. La creación de una sociedad nueva y consciente es aún lejana en el panorama de Venezuela. Se puede avistar en dentro de más o menos tiempo, si las condiciones de anarquía están como están, un escenario sangriento y traumático para la sociedad venezolana. No es amarillismo, no es terrorismo mediático, son advertencias, señales, alertas. Aún en el país se tiene el paradigma de democracia burguesa y representativa en muchos aspectos. Sectores del gobierno no quieren enrolarse definitivamente al Estado Comunal planteado desde el Ejecutivo, muchos se encuentran en el foso de los más putrefactos conceptos personalistas y aliados al monopolio tradicional. Sectores de la oposición, desde sus inicios, tampoco quieren enrolarse en su ‘malplanteada’ democracia, libertad, igualdad; falsa en su base porque son 3 elementos entendidos desde el punto de vista de la clase partidista y medios de comunicación de su burguesía. La inseguridad es la llaga de la revolución en estos tiempos, que sin duda es parte de la anarquía. Sin dejar tapar mi visión reaccionaria de la revolución… ¿Será necesaria una guerra civil o una dictadura de izquierda, a largo plazo, para que todos los colectivos y comunidades en general tomen conciencia del proyecto socialista y antiimperialista de una forma autocrítica y nueva? Desde el año 2000 hasta nuestros días es ‘de otro mundo’ ver cómo sectores medios y humildes se encuentran en el centro de una telaraña mediática sin cuestionamiento alguno de algo (hablo de ambos sectores). A estas alturas de la historia, es impresionante ver a parte de venezolanos sin consciencia acerca del Imperialismo estadounidense, y que en verdad es un enemigo en potencia para cualquier pueblo de Latinoamérica que decida que su destino es la liberación de este coloniaje económico y político. Muchos piensan 2 veces, después de grandes ‘hazañas’ de la CIA en el s. XX, si los tentáculos de EEUU tienen algo que ver con algún proceso desestabilizador en Venezuela (incluso después del golpe de abril de 2002 y el golpe reciente en Honduras). Replanteo… ¿es necesaria una hecatombe en el país para que cada quien tenga que hacer lo que tenga que hacer, en comunidad y consciencia, en esta coyuntura histórica? Con las bases militares estadounidenses en Colombia hay una amenaza bastante visible para los países fronterizos y para Venezuela, que lleva la vanguardia en los procesos de liberación del continente. Yo creo que sería bastante mezquino dejar pasar una oportunidad histórica de demostrarle al mundo que en América Latina es posible una Revolución democrática y antiimperialista, y no una catástrofe para darnos cuenta de que estamos en el ojo del huracán político en el mundo, y que el liderazgo de Hugo Chávez no es suficiente. Es inconcebible cómo los organismos de seguridad del Estado dejan que sectores de la oposición planeen combos golpistas en sus narices y que se valgan de medios de comunicación para hacerlo. Es asqueante, a estas alturas de la revolución, la pobre planificación y estrategia del gobierno en la batalla mediática; a pesar de que tiene los medios de difusión suficientes, la mayoría de las acciones son de contraataque y no existe en muchos casos un periodismo crítico que enriquezca la discusión y ponga a temblar el discurso de la oposición. No hay veracidad, inmediatez, objetividad que pueda convencer a muchos sectores, en vez de la actual propaganda uniforme tanto en noticiarios, reportajes como en programas de opinión y críticos. No existen muchas formas de explicar la práctica socialista (a excepción del discurso del presidente e importantes ejemplos visibles) sino los logros de hasta ahora que todos conocemos y sobretodo de muchos caudillos que quieren sacar provecho de esa propaganda. Es indignante cómo, enrollando estas premisas, la cuestión de la inseguridad a todos nos afecta desde el momento en que empezó la campaña mediática y mucho antes, desde que el problema es el más hiriente en todos los sectores de la población. Mientras la pobreza va bajando y las condiciones de vida mejoran, el poder adquisitivo aumentó en Venezuela y existen por supuesto presas más fáciles y accesibles para cualquier banda de maleantes. Las causas de este fenómeno no se han estudiado a fondo, más allá de la cuestión propagandística de que si el gobierno trabaja o no por esto, pero la que acabo de nombrar puede ser una de las causas más lógicas. Es parte de la anarquía. Es indudable que el “hago lo que me da la gana” es culpa de nosotros mismos, al no exigir un Estado más radical en materia de leyes y su aplicación, y de la oposición por impulsar un clima de “nada funciona”. Un proceso un tanto dialéctico. Pero, ¿hasta cuándo nos vamos a dejar pendejear? Lee, actúa, critica.

Fercho M.R

R-Combatientes de CMSKPA